"Tus trojes se llenarán hasta la saciedad y estarán tus lagares rebosantes de mosto" (de los proverbios de Salomón).

A finales del S. XV, los finos burgueses de Bayeux ofrecieron a un condestable una aromática jarra de vino, cosecha del lugar. Quizá, sin proponérselo inauguraban una nueva época en la que se suplía la tradicional espada o las llaves de la ciudad por lo que, a la postre, significó el "primer vino de honor" de la historia. Sirva, pues, este vino de honor, en forma de concierto, como brindis a vuestra salud. En lo poético no les ofrecemos un tratado sobre el vino, ni la historia del mismo, ni es un "vademécum", en todo caso, puede llegar a ser un "vadevinos", si se me permite el juego de palabras.

Desde sus más remotos orígenes el vino acompaña al ser humano como placer del espíritu, además de saciar su sed. Frente a una copa de buen vino entran en juego todos los sentidos, es decir, no hay neutralidad posible. Es nuestro deseo que tampoco haya neutralidad al escuchar este homenaje al vino que no es otra cosa que un homenaje al ser humano.

"Noe fue agricultor, y plantó una viña. Bebió de su vino, se embriagó, y medio desnudo se quedó dormido en la tienda". (Génesis 9). Noé, según la Biblia, vivió 950 años. Al escuchar este concierto, nuestro deseo es que la música y las palabras, acompañado de un vino noble, le ayuden a vivir sino tantos años, por lo menos, buenos.

Hay un aforismo medieval que dice: "Después de la lluvia crece la hierba, después del vino, las palabras". He aquí la palabra y la música en un concierto dedicado al vino, con el deseo de que pronto, usted y nosotros, brindemos por la vida.
¡Salúd!

Indio Juan.

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